Periodismo encubierto
18 noviembre 2009 at 1:21 PM Deja un comentario
A menos que seas alguien del tipo de la legendaria Nelly Bly o el muy controversial Günther Walraff, no sirves para trabajar como periodista encubierto.
Ser un periodista que no exhibe su verdadera identidad exige una vida de total independencia y absoluta autenticidad. No se puede asumir la condición de periodista encubierto hoy y mañana volver al ejercicio normal de la profesión.
Si escoges el método de la mimetización de tu trabajo reporteril, asúmelo por completo. No especules con esa forma de acercarse a los hechos, pues una vez que mientes sobre quién eres para conseguir la noticia, no hay retorno posible.
Günther Walraff lo sabe muy bien y por eso no tiene problemas para autocalificarse de “periodista indeseable”. Es consciente de su suerte como reportero proscrito por los medios convencionales. Ha asumido una forma de vida incompatible con el periodismo organizado.
Walraff es un Robin Hood de la información y para eso ha debido tomar el riesgo máximo –no la muerte física, sino la exclusión–, que lo margina del trabajo que a los reporteros corresponde lícitamente en la relación formal con las empresas informativas.
Voy a decirlo más claro: no estoy de acuerdo con el periodismo encubierto. Rechazo que lo propongan como un recurso del que ocasionalmente pueda echar mano el periodista para internarse en casos de gran dificultad y peligro, o como un modelo que se adopte cualquier día para “experimentar”, y menos, que lo tengan como el descanso creativo de la rutina absorbente en el diarismo.
La ecuación del periodismo es muy simple: hay que llegar a la verdad de los acontecimientos a través de medios legítimos. Decir una mentira para acceder a la verdad, eso definitivamente no tiene arreglo con el periodismo responsable.
Cambiar la identidad del reportero, a conveniencia, no es otra cosa que mentir. Y un periodista que traiciona este sencillo y fundamental estándar deontológico está descalificado en el esquema universal del reporterismo.
Panorama es un diario local que ha institucionalizado una sección denominada «En la piel de…», con reportajes de periodistas que se hacen pasar por otras personas para tener “vivencias” directas. Con franqueza, lo que publican no son sino crónicas emotivas que apenas describen la situación en la que los reporteros simulan asumir identidades de gente común en condiciones especiales.
El sacrificio al que se someten la credibilidad y la honradez del periodismo ni siquiera puede justificarse con los resultados, que si mucho son notas coloridas con detalles curiosos y hasta humorísticos.
Esa práctica en particular no ofrece ningún dato que «cambie el mundo», como suele decir Günther Walraff cuando desenmascara a una corporación ecocida, expone a un gobierno corrupto o desvela una injusticia atroz. Con este francotirador del reporterismo, al menos ha valido la pena para las víctimas de tales sucesos, el enorme costo moral que se le causa a la profesión con el llamado periodismo encubierto.
…….
Dar la cara en medio de una balacera
Por cierto que, hace poco más de un mes, en Maracaibo tuvimos la extraordinaria oportunidad de escuchar, en vivo, a un reportero de excepción: Bill Gentile.
A él lo tenemos en buena cuenta por sus memorables fotorreportajes de las guerras centroamericanas de finales de los ’70 y la década de 1980, divulgados a través de las agencias estadounidenses UPI y AP.
Junto a la reportera de investigación Ana Arana, vino a nuestra ciudad con el auspicio de la Embajada de Estados Unidos. Ambos dictaron una interesante conferencia en el CEVAZ, atendida por docenas de estudiantes y profesores de Periodismo.
A propósito de una pregunta nuestra, tanto Gentile como Arana mostraron su expreso desacuerdo con el periodismo encubierto. Ana Arana dijo que hay mecanismos lícitos para realizar investigaciones comprometedoras de la seguridad del reportero, de modo que no se justifica mentir sobre la identidad propia.
Gentile, un reportero de guerras que toda su vida ha arriesgado el pellejo sin cambiar su nombre o disfrazarse para llegar a los hechos –incluso en medio de conflictos armados y enfrentando las más peligrosas amenazas–, criticó el recurso del encubrimiento reporteril asegurando que él siempre ha dado la cara, sin importar el costo para sí mismo, en la búsqueda de las noticias.
Mientras preguntábamos por este asunto y recibíamos contundentes respuestas de los conferencistas, el equipo reporteril de Panorama estaba presente en la sala. Pero la reseña del día siguiente no dijo nada al respecto.
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